Hay despedidas que no se escriben con facilidad, porque lo que se ha vivido no cabe del todo en unas líneas. Esta es una de ellas.

Después de estos años entre nosotros, el padre Ignacio inicia una nueva etapa de su ministerio. Y nuestra comunidad quiere hacer lo que mejor sabe hacer: dar gracias.


Gracias por cada Eucaristía celebrada con serenidad y fe. Por las confesiones pacientes, por las palabras dichas en el momento justo, por los bautizos, las bodas y también por los funerales, donde su cercanía fue consuelo para tantas familias. Gracias por las puertas abiertas de la sacristía, por el café compartido, por acompañar a los grupos parroquiales sin prisa y sin ruido, como un padre.

Un sacerdote no deja tras de sí edificios ni cifras: deja personas. Y aquí queda una comunidad que ha crecido gracias a su entrega, y que se despide con el corazón agradecido y la certeza de que lo sembrado permanece.


Padre Ignacio, que el Señor le bendiga y le acompañe en su nueva misión. Aquí siempre tendrá su casa y una comunidad que reza por usted.

Con cariño y gratitud,

Parroquia de San Agustín del Guadalix