Sermón para el domingo in albis

Santo Tomás de Villanueva | Sermón para el domingo in albis.

Señor mío y Dios mío

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto el dedo en el lugar de los clavos, y no pongo la mano en su costado, no creeré.

Vemos en este discípulo una resistencia sorprendente; ni el testimonio de muchos de sus hermanos ni verlos en su dicha le son suficientes para darle la fe. Y es ahí donde interviene el Señor, para cuidar esta fe. El buen Pastor no soporta la pérdida de su oveja, él, que había dicho a su Padre: A los que me diste, yo los guardé, y ninguno se perdió. Que los pastores aprendan el cuidado que deben manifestar para con sus ovejas, pues el Señor se apareció por una sola. Toda su atención y toda su labor son poca cosa en comparación con la importancia de una sola alma.

Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. ¡Bienaventurada la mano que ha escudriñado los secretos del corazón de Cristo! ¿Qué riquezas no habrá encontrado? Fue al reposar en este corazón que Juan extrajo los misterios del cielo. Fue escudriñándolo que Tomás descubrió ahí grandes tesoros, ¡qué admirable escuela que educa a tales discípulos! Gracias a ella, Juan se expresó sobre la divinidad de las maravillas más altas que los astros diciendo: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y Tomás, alcanzado por la luz de la Verdad, soltó este grito sublime: ¡Señor mío y Dios mío!

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Santo Tomás de Villanueva fue un fraile agustino español que ocupo la sede episcopal de Valencia.
Tuvo una gran fama de predicador, en un estilo sobrio y sencillo (1486-1555).