Miércoles Santo

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos (Mt 20,28).
Así reza la antífona de comunión de la Misa de este miércoles santo.
Posiblemente hayamos escuchado muchas veces estas palabras, cargadas de un significado especial en estos días en los que Cristo lo dice no como un discurso o sermón, sino que nos lo ejemplifica. Él mismo es quien se pone a servir, entregando de esta manera la vida, hasta el final. Esto es amar: entregar la vida.

Así, a la luz de Su Amor, hemos de examinar el nuestro. ¿Es así de gratuito, de generoso, de servicial, de comprensivo, de no llevar cuentas, de no irritarse, de no juzgar…? Posiblemente tengamos un buen motivo para meditar hoy. Os adjunto un fragmento de un sermón de San Agustín, no tiene desperdicio y hay que leerlo con atención, aterrizándolo en nuestra vida. Vivir por un amor así, merece la pena. Y ese Amor de Dios ha de provocar en nosotros la respuesta adecuada.

Si miramos con atención la misma historia de España, nos encontraremos que en sus mejores páginas hay hombres que han vivido esto, una entrega así, un servicio al bien común, una generosidad que va más allá de lo que consideramos normalmente razonable. Sólo el amor verdadero cambia el mundo. Cuando esto no se vive (esa entrega por el bien común), cuando no se aprende a amar, termina uno sirviéndose de los demás (sirviéndose del bien común).

En estos momentos difíciles se nos invita a pedir especialmente por los que tienen la gobernanza de España, para que lo hagan con humildad, buscando la unidad que siempre nos hace más fuertes para salir adelante y sirviendo a la verdad.

Hoy también os enviaré una nueva nota de alerta de caridad. Nos disponemos a repartir alimentos la próxima semana y por lo tanto haremos de nuevo recogida de los mismos en los supermercados que quieran/puedan colaborar.

Con todo afecto y bendición.+