Jueves, 23 de marzo del 2020

Buen día.

La Iglesia celebra los jueves como un día eminentemente eucarístico. El reflejo del Jueves Santo, la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, hacen de este día un memorial de ese alimento de Vida eterna que es el mismo Señor.

Valorar la Eucaristía, acudir a Jesús sacramentado, vivir la adoración, no es algo más en la vida de un cristiano. Es la posibilidad de permanecer, como el sarmiento en la vid, unidos realmente a Jesucristo. No es un añadido espiritual de algunos, sino lo distintivo de un cristiano.

Esto a alguno le suena un poco raro, rancio, superado, porque en la soberbia que nos acompaña nos hemos atrevido a corregir la palabra que el Señor nos ha dado y la hemos adaptado a “nuestra religión”, que ,por cierto, no salva. Para justificarnos en el mal, se repite incansablemente como un mantra de la modernidad; no hace falta ir a Misa para ser bueno, lo importante es ser buena persona, mucho golpe de pecho y luego peor que otros…

Lo peor de esos mantras es que tienen parte de razón. Es cierto que hay muchas personas “buenas” que no van a Misa, faltaría más, pero el cristiano ha descubierto como los Apóstoles, que la Misa no es para los buenos sino para los pecadores, y por eso voy yo, con la necesidad de que el Señor me ayude, me transforme, me santifique… pues yo no lo puedo hacer por mí mismo, con mis solas fuerzas. Y esto ha sido así desde el siglo primero.

Necesitamos redescubrir el valor de la Santa Misa, donde los cristianos creemos firmemente que Jesucristo se hace presente realmente en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. De ahí la importancia de prepararnos bien a celebrar ese Misterio.

Hoy vivimos quizás en una gran superficialidad donde cuesta mucho percibir la grandeza del Misterio, la Presencia del Señor en todo lo que vivimos, la Providencia que acompaña nuestros pasos. Sí, sí… el Señor siempre está. ¿Y tú? ¿Dónde estás? Porque también hay algunos que aunque vengan presencialmente a Misa pueden/podemos estar muy lejos.

Esto da para mucho. Pero al menos quedémonos en reflexionar cómo es mi participación en la Misa, cómo es mi relación con el Señor (a quien no puedo manipular a mi antojo)… y entendamos que los santos son los que nos han hecho comprender cómo el cristiano no puede vivir sin la Eucaristía. Mañana, Dm, intentaremos entrar en el “me aburro en Misa” y alguna más…

Os adjunto un texto de San Gaudencio de Brescia que nos puede ayudar un poco a reflexionar. Es un autor del siglo IV.

Con todo afecto y bendición+