¡¡Buen día!!

Hoy nos encontramos en el Evangelio el comienzo del capítulo tercero de San Juan. Ojalá podamos hacer una lectura pausada de esos ocho versículos. Una lectura muy breve, pero con una gran enseñanza.

¿Qué sucede? Nicodemo, magistrado judío, se acerca de noche a ver a Jesús. No quería ser visto por otros. Tenía en su corazón el deseo de vivir auténticamente, no conformarse con una vida mediocre…y reconoce en Jesús a alguien que vive apasionadamente, por eso se acerca con curiosidad y deseo.

Se acerca de noche, imagen de la situación de muchas personas que encontrándose a oscuras en su vida, buscan una luz que les guíe. Y para la guía de la propia vida no vale cualquiera. Igualmente que nosotros no nos pondríamos, en lo que respecta a la salud del cuerpo, en manos de un mal o negligente profesional. Nicodemo busca, y por eso encuentra.

Hoy podríamos preguntarnos ¿quién guía mi vida? ¿Soy tan autónomo que no me dejo guiar por nadie? ¿soy tan libre que no me influye nadie, ni el gobierno, ni la oposición, ni el telediario…? ¿Verdaderamente creo que soy tan auténtico y original?

Pero, Nicodemo, también va de noche para no ser visto. Hoy pasa lo mismo. Cuántos sienten apuro de expresar el anhelo profundo de su alma, su inquietud, su deseo de “algo más” en la vida. Pero todo lo que nos rodea, tiende a acallar la verdad profunda del hombre. Estos días estamos inquietos por la salud del cuerpo, por la vida. Sí, es normal. Pero eso no es todo, aunque estés muy sano, algún día tendrá que llegar el final. Y ¿la salud del alma?, ¿la respuesta al más allá?. Hay claramente una censura del sentido espiritual de la persona. E incluso nosotros mismos nos autocensuramos.

¿Qué respuesta tenemos para alguien que se va a morir? ¿Qué decimos a quien ha perdido a un ser querido o teme la pérdida de alguno? Pues posiblemente no le digamos; salud y República. Esto es algo serio y yo me lo encuentro cotidianamente, no me puedo hacer trampa ni engañar a nadie.

La Iglesia, que celebra la Pascua de Cristo como el mayor acontecimiento, testimonia con humildad y verdad que Jesucristo ha resucitado venciendo al pecado y a la muerte. Esto no es un eslogan, sino la vida misma de los que formamos parte del Cuerpo de Cristo (que es la Iglesia), y en ese Cuerpo hemos podido ver cómo el pecado no tiene la última palabra y cómo la muerte ha sido vencida.

El texto que os adjunto hoy, es una antiquísima homilía en torno a la Pascua. Se dirigía a la multitud de adultos que se acercaban (como Nicodemo) a recibir el bautismo, porque como responde Jesús: “el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios”… “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”

Pidámosle a Jesús que nos conceda hoy “nacer de nuevo”. Si nuestro primer nacimiento fue natural e inconsciente por nuestra parte, que este nuevo nacimiento venga del deseo de vivir Su misma vida, guiados por el Espíritu Santo.

Y no te olvides: Cristo siempre vence, no temas.

Con todo afecto y bendición+